A primera vista, no hay un plato más fácil de cocinar que las patatas fritas: se coge aceite, se calienta y se echan las patatas bien cortadas. Por desgracia, no todo es tan sencillo. Para una buena fritura se debe usar un aceite tan caliente como se pueda, ya que esa costra crujiente ¾debida a la coagulación de las moléculas de la superficie¾ debe formarse lo más deprisa posible para impedir que el aceite empape la patata. Tampoco hay que echar muchas patatas en el aceite, ya que al hacerlo bajamos su temperatura y lo que obtenemos son deliciosas patatas aceitosas. Para impedir semejante descalabro, nada mejor que usar abundante aceite.
El principio subyacente a toda fritura es bien sencillo. El aceite se puede calentar por encima de los 100 grados. A esas altas temperaturas la superficie de las patatas coagula formando una costra seca debido a que el agua se ha evaporado. Por eso es importante que lo que vayamos a freír esté seco: no sólo evitaremos las peligrosas salpicaduras sino también una innecesaria pérdida de calor destinada a eliminar el agua de la superficie de la pieza, pues recordemos que pasar el agua de líquido a vapor consume una considerable cantidad de energía.
Otra forma de freír patatas es con mantequilla clarificada. Como la definió un químico, es mantequilla “desembarazada de todo menos de esa deliciosa grasa láctea, obstructora de arterias y altamente saturada”. ¿Y qué le quitamos? Agua y proteínas sólidas –esas particulillas marrones que desprenden humo a unos 120º C. Podemos proteger la mantequilla echando un poco de aceite, que eleva la temperatura de “ahumado” a 220º pero que no impide la aparición de ese tono marrón–. La receta es bien simple: una serie de capas de patatas untadas con mantequilla y espolvoreadas con pimienta. Se empieza en la sartén y se acaba en el horno.
Pero me resisto a dejar pasar por alto uno de los alimentos más conocidos de los llamados de destrucción total: las patatas chips. Ya sé que no son santo de devoción de gourmets, pero es un ejemplo perfecto de excelente ingeniería alimentaria. En ellas todo está estratégicamente calculado. La pequeña pelea que hay que tener para poder abrir la bolsa de patatas está estudiada para ponernos en situación de lo que va a acontecer acto seguido: zamparnos una comida crujiente.
A la hora de diseñar una patata chip hay que tener claras unas cuantas cosas: primero, que el crujido sea audible. Y bien audible. El primer truco para conseguirlo es hacer las patatas grandes. De este modo, tenemos que morderlas antes y hace que tengamos la boca abierta al masticar con lo que el crepitar se hace más audible que si tuviéramos la boca cerrada. Cuando la patata ya se encuentra dentro de la boca e inundada por saliva, se debe salvar una situación peligrosa: que se reblandezca tanto que al seguir mordiéndola no cruja.
Para mantener el crujido debemos echar un vistazo a cómo la naturaleza ha conseguido que las zanahorias lo hagan mientras nos las comemos: sus células están rellenas de agua que estallan al ser mordidas. Por esto al comer una manzana o una zanahoria salen chorros de agua disparados a una velocidad de más de 160 km/h. La fuerza del estallido depende de lo rígidas que sean las paredes de las células, esto es, de lo que resistan antes de que exploten. En el caso de las patatas, quienes las diseñan no introducen agua, porque las reblandecería si tienen que estar mucho tiempo en las estanterías, sino algo mucho más barato: aire. El volumen de cualquier patata chip está compuesto aproximadamente por un 80% de aire. El aire, que es gratis y se consigue abriendo la ventana, al encerrarlo en un volumen muy pequeño se puede vender al precio de patata frita.
Para conseguir la consistencia necesaria las patatas llevan una buena cantidad de almidón, el mismo que se usaba para dar rigidez a los cuellos y puños de las camisas. Pero el almidón por sí solo no consigue el objetivo buscado. Hay que añadir grasas para evitar que el almidón se pulverice. Las patatas se empapan en grasa que suele ser el producto de deshecho de otros procesos de fabricación de alimentos: entre el 40 al 60% del peso de la patata es grasa congelada, a lo que se le añaden sustancias que le dan un sabor muy fuerte.
Almidón, grasa solidificada y aire: estos son los componentes de esta obra maestra del diseño alimenticio.




















De esta manera, Grandes Vinos y Viñedos ha obtenido con sus caldos ocho medallas: dos de oro, dos de plata y cuatro de bronce. En el Berliner Wein Trophy consiguió una medalla de oro con su vino Corona de Aragón Selección 2008; en el Challenge Internacional Du Vin, el Corona de Aragón Crianza 2007 obtuvo una medalla de bronce; en el Concours Mondial de Bruselas, el Corona de Aragón Gran Reserva 2004 consiguió la medalla de oro y el Corona de Aragón Crianza 2007 la medalla de plata; en el certamen Decanter Word Wine Awards, Grandes Vinos y Viñedos obtuvo dos medallas de bronce con un Corona de Aragón Garnacha 2010 y con un Corona de Aragón Special Selection 2009; y en el International Wine & Spirits Competition (IWSC) consiguió una medalla de plata y una de bronce con un Corona de Aragón Garnacha 2010 y con un Corona de Aragón Special Selection 2008, respectivamente.
Durante estos primeros meses de 2011, Bodegas Ignacio Marín ha obtenido siete galardones en cinco importantes certámenes internacionales: tres medallas de oro –una de ellas con el reconocimiento de “Mejor de su clase”-, dos medallas de plata y una medalla “Commended”. Su vino Marin Old Vine Garnacha 2008 obtuvo una medalla de oro con distinción superior en la categoría “Mejor de su clase” en el International Wines & Spirits Competition 2011 (IWSC); Castillo de Tornos Gran Reserva 2004 se alzó con el oro en el Berliner Wein Trophy 2011 celebrado en Alemania; el Château Tornos Gran Reserva 2002 obtuvo una medalla de plata en el Hong Kong International Wine Challenge; y el Château Tornos Crianza recibió una medalla “Commended” en el Decanter World Wine Awards 2011 celebrado en Reino Unido. Además, en el concurso Cinve 2011, que ha tenido lugar en el mes de mayo Miami, el vino Marin Old Vine Garnacha ha vuelto a conseguir la medalla de oro y el Castillo Mayor Gran Reserva 2004 y el Duque de Medina Gran Reserva 2004 dos galardones de plata.
Por su parte, Bodegas Paniza ha conseguido 10 galardones: ocho de oro y dos de bronce. En el Berliner Wein Trophy 2011 ha obtenido el oro en cuatro ocasiones con los vinos Señorío del Águila Gran Reserva 2006, Señorío del Águila Crianza 2008, Señorío del Águila Reserva 2008 y Señorío del Águila Reserva 2007. Su caldo Val de Paniza Blanco 2010 también ha conseguido una medalla de oro en el certamen Vinalies International 2011.
Además, cuatro de sus caldos han sido valorados en la Guía Peñín con las siguientes puntuaciones: el Jabalí Garnacha – Syrah con 90 puntos y cinco estrellas; el Jabalí Tempranillo – Cabernet con 91 puntos y cinco estrellas; el Jabalí Rosado Garnacha – Cabernet con 90 puntos y cinco estrellas; y el Jabalí Blanco Viura – Chardonnay con 88 puntos y cinco estrellas.










A este empresario hostelero se le conoce como un «cocktailman» por su dedicación a la promoción del cocktail por el mundo. Propietario del mítico 





Torrija caramelizada con toffee de canela y helado de yogur.
Chocolate en texturas, tierra y espuma con frosties.
Interpretación de un tiramisu.






En 1647 nacía en la hermosa ciudad francesa de 




